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El Problema de la motivación: Somos Perezosos-R. C. Sproul

Es importante observar que el tema de este libro no es cómo leer la Biblia sino cómo estudiar la Biblia.  Hay mucha diferencia entre leer y estudiar.  Leer es algo que puede hacerse pausadamente, estrictamente como pasatiempo, en una forma casual y desenvuelta.  Pero el estudio sugiere labor, trabajo serio y diligente.

Por tanto, he aquí el verdadero problema de nuestra negligencia.  Fallamos en nuestro deber de estudiar la Palabra de Dios, no tanto porque sea simple y aburrida sino porque es trabajo.  Nuestro problema no es falta de inteligencia o de pasión; nuestro problema es que somos perezosos.


Karl Barth, el famoso teólogo suizo, escribió en una ocasión que todo el pecado encuentra sus raíces en tres problemas humanos básicos.  En su lista  de pecados rudimentarios incluyó los pecados de orgullo (hubris), la falta de honestidad, y la pereza.  Ninguna de estas maldades básicas queda erradicada instantáneamente por medio de la regeneración espiritual.  Como cristianos debemos luchar contra estos problemas por medio de un completo peregrinaje.  Ninguno de nosotros es inmune.  Si vamos a tratar con la disciplina del estudio de la Biblia, debemos reconocer desde el principio que vamos a necesitar de la gracia de Dios para perseverar.

El problema de la pereza ha estado con nosotros desde la maldición de la caída.  Ahora nuestro trabajo está mezclado con sudor.  Crecen con más facilidad las malas hierbas que el pasto.  Es más fácil leer el periódico que estudiar la Biblia.  La maldición del trabajo no desaparece mágicamente por el hecho de que nuestra tarea sea la de estudiar la Escritura.

Frecuentemente doy charlas a grupos sobre el tema del estudio de la Biblia.  Suelo preguntar al grupo cuántos de ellos han sido cristianos por un año o más.  Después les pregunto cuántos de ellos han leído la Biblia de cubierta a cubierta.  En cada ocasión, la abrumadora mayoría contesta negativamente. Me atrevería a decir que de aquellos que han sido cristianos por un año o más, cuando menos el ochenta por ciento nunca ha leído la Biblia entera.  ¿Cómo es posible?  Solamente una apelación a la caída radical de la raza humana podría empezar a contestar a esa pregunta.

Si usted ha leído toda la Biblia, usted forma parte de una minoría de cristianos.  Si ha estudiado la Biblia, se encuentra en una minoría aún más reducida.  ¿No es sorprendente que casi todas las personas estén listas para dar su opinión en cuanto a la Biblia, y sin embargo tan pocos la hayan estudiado?  A veces parece que las únicas personas que dedican tiempo al estudio de la Biblia son aquellas con las hachas más afiladas para hacerla pedazos.  Muchas personas la estudian con el fin de encontrar posibles escapatorias para poder esquivar el peso de su autoridad.

La ignorancia en cuanto a la Biblia  de ninguna manera se limita a los laicos.  Yo me he sentado en mesas de examen de algunas iglesias con la responsabilidad de preparar y examinar a seminaristas estudiando para su ministerio pastoral.  El grado de ignorancia bíblica demostrado por muchos de estos estudiantes causa consternación.  Los planes de estudio de los seminarios no han hecho una gran cosa por aliviar el problema.  Muchas iglesias ordenan hombres cada año que son virtualmente ignorantes acerca del contenido de la Escritura.

Quedé espantado cuando presenté un examen de conocimientos bíblicos para ser admitido al seminario teológico del cual me gradué.  Cuando acabé el examen, me sentía avergonzado de entregar mi hoja.  Había tomado varios cursos en la universidad que pensé me prepararían para este examen, pero a la hora de la verdad no estaba listo.  Dejé pregunta tras pregunta en blanco y estaba seguro de que me habían suspendido.  Cuando las calificaciones fueron anunciadas, descubrí que había obtenido una de las más altas puntuaciones en un grupo de setenta y cinco alumnos.  Aun con las calificaciones es escala, había muchos alumnos que obtuvieron menos de de diez puntos de una calificación máxima de cien.  Mi puntuación fue muy baja, pero aún así, era una de las mejores dentro de las malas.

La ignorancia acerca de la Biblia entre laicos se ha generalizado tanto que con frecuencia encontramos a pastores molestos y enojados cuando sus feligreses les piden que les enseñen algo de la Biblia.

En muchos casos el pastor vive en un temor mortal de que su ignorancia se vea expuesta por el hecho de ser presionado hacia una situación en la que se espera de él que dé un estudio bíblico.

Tomado del libro: 
 R. C. Sproul. Cómo estudiar e interpretar la Biblia. 
FLET, UNILIT, 1996. pp. 13-15.





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